Una madre nos cuenta lo que tiene que hacer para que sus hijos no mueran de hambre

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Día con día somos testigos de cientos de historias diferentes; historias conmovedoras, historias de éxito, historias graciosas y por qué no, historias impresionantes que parecen sacadas de la televisión, sin embargo, pocas veces nos encontramos con historias que nos dejan un nudo en la garganta y que más allá de inspirarnos, cambian nuestra forma de ver la vida… Tal es el caso de Magaly, una mujer de la vida galante que pese a su profesión, nos deja claro lo inmenso que es el amor de una madre…

“Mi nombre es Magaly y sí, soy una pvt4…

Soy hija de una familia disfuncional, desde pequeña en mi casa lo único que vi fueron gritos, golpes, hambre e insultos. A los 15 años cometí el error de enamorar de un Juan, un hombre que aunque casi me doblaba la edad, se convirtió en la luz de mis ojos. Como imaginarán a los pocos meses salí embarazada de Jesús, mi primer hijo, un año después nació Adriana y dos años más tarde Carmen.

Aunque desde el principio la relación entre él y yo no fue buena, yo trataba de aguantar todos sus insultos y golpes por nuestros hijos, finalmente era algo a lo que ya estaba acostumbrada y para mis bebés su padre era lo máximo, sin embargo, a los dos años de que Carmen nació, Juan conoció a otra muchacha con la que se fue sin decirme ni una sola palabra.

En ese momento sentí que el mundo se me venía encima, mi papá lo único que hacia cada vez que me veía era pegarme aunque yo estuviera acompañada de mis hijos, mientras que mi mamá se quedaba callada y hacía solo lo que mi padre decía.


Yo estaba completamente sola, no tenía dinero, la renta estaba por vencerse, mis hijos lloraban por su padre, lloraban de hambre, de frío y yo no tenía nada para darles de comer o con que cobijarlos. Pase varios días caminando inútilmente de calle en calle con mis tres hijos en busca de trabajo, pues no tenía nadie que me los cuidará ni dinero para pagarle a alguien que lo hiciera y sencillamente todos me cerraban las puertas.

Desesperada comencé a vender lo poco que tenía; ropa, sillas, cobijas, todo y con eso le daba de comer a mis bebés, hasta que llegó el momento en el que ya no tenía nada más que vender. Nadie quiere contratar a una madre soltera con tres hijos, ni tampoco quieren mantener ni cuidar a hijos ajenos, así que un día le suplique a una vecina que me los cuidara y salí en busca de comida para ellos, pues no paraban de llorar…

Yo estaba decidida a todo, hasta a robar si era necesario, así que camine hasta las calles del centro en donde llegue a un bar de mala muerte en el que pedí trabajo de mesera. Aún puedo recordar la cara del encargado quien con una risa burlona me miró de pies a cabeza y me pidió “algo más” a cambio del trabajo.

Al principio me negue y aquel hombre me sacó a empujones. En eso cerré los ojos, recordé la cara de mis hijos llorando de hambre, pase saliva y regrese al interior de aquel bar. Ese hombre me tomó del brazo y me llevó por un pasillo hasta llegar a una habitación en donde me hizo las cosas más asquerosas y repugnantes del mundo. Al terminan me aventó 100 pesos, me dijo que me vistiera rápido y que regresara en la noche.

Durante todo el camino a casa llore como una niña pero sabía que tenía que regresar por mis hijos… Esa tarde compre unas sopas, les di de comer a mis niños y el resto del dinero se lo di a mi vecina para que aceptara cuidarlos en la noche, aunque dijo que era poco, ella accedió con la condición de que después le diera más y así fue como lo hice…


Al llegar al bar le pedí al encargado mi uniforme y nuevamente se burlo a carcajadas de mi

“¿Qué no te has dado cuenta de lo que se trata? yo no necesito a una mesera sino a una Pvt4. Así que cállate y vete con el de la mesa #6” me gritó. Esa noche me convertí en una más…

Desde ese día tengo que dormir con varios hombres para alimentar a mis hijos, porque las leyes no obligan ni persiguen a los padres para responder por lo que hacen, porque que al igual que Juan, muchos hombres son bien machos para hacer hijos pero cobardes para mantenerlos.

Soy pvt4 porque con un trabajo “normal” jamás me alcanzaría para pagar una renta, guardería, escuela y comida para mis hijos.

Soy pvt4 porque a pesar de que se que hay muchos que me critican, ninguno de ellos está aquí para darle de comer a mis hijos cuando tienen hambre o frío, porque a pesar de que son buenos para hablar, solo Dios y yo sabemos el asco que siento cada vez que tengo que “hacerlo” con 15 o 20 hombres diferentes cada noche, solo él y yo sabemos que son mis hijos los que me dan fuerza para continuar esta maldita vida que no vale nada. Soy pvt4 y ya no avergüenza decirlo, porque gracias a eso puedo darle una buena vida a mis hijos, porque cada vez que me dicen “te quiero”, cada vez que veo su sonrisa o siento sus manitas abrazándome, se que todo esto vale la pena y que sin importar lo que digan los demás mis hijos son felices”…

Indiscutiblemente una historia que nos pone a pensar y reflexionar en lo que estamos haciendo. Magaly es una de las tantas mujeres de la vida galante que detrás de esa careta bajo la que son juzgadas tienen una vida lejos de todo ese ambiente, es ella una de las tantas mujeres que esconden una historia como la tuya o la mía, una historia que en ocasiones va mucho más allá de lo que imaginas. Magaly es una madre soltera que movida por la desesperación de ver bien a sus hijos decidió sacrificar su propia vida…

Y tú ¿Conoces una historia similar?





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